27 de septiembre de 2012

Zambra


Un vis-à-vis con la lluvia de Granada no me habría importado. Para eso están las calles, y el otoño, y las mantas. Aunque no llovió, o sí. Que tiene que llover a cántaros. Otra vez Google Maps resbalando en la tecla; tengo un plano de tesoros de los sitios de los que no me he ido. Chorradas como ésta es lo que dice todoDios de sus lugares predilectos. Podría querer decir otras cosas que no me llevarían a ninguna parte. Voy a robarle a Susana Sánchez sus momentos-burbuja. De niña pensaba que las burbujas eran "el gustito del agua", algo así como cosquillas. No necesito más que un vistazo, un silencio, la piel, el aire, un sorbo, para hablar de texturas. Calibro la cámara, pruebo tonalidades y sombras para al final quedarme con la cara lavada de la vida. Apoyo mi frente y la de Pasolini en la copa: bebamos, Pier Paolo. Un escalofrío de placer -que ni es escalofrío ni es placer, sino otra cosa- nubla la letra de un cuento; un cuento enorme de Hipólito G. Navarro, en una librería de viejo, de la suya -la de él, la tuya- a la mía, entre otras cosas tejidas en red, dispuestas como libros de segunda mano. He conseguido sincronizar el disparo con lo que llamo obturador emocional: ese momento de comunión, que no evito a pesar de lo naif, en que pienso que el alma hace un click discreto. La culpa de que las palabras y las rimas me suenen trilladas es siempre de otros. Tomo prestadas casualidades, un prólogo, el nombre de un vino. Miro cuanto me rodea con ojos calmos de final de septiembre. Sé que me dejo la piel en los adoquines. Habito un déjà vu por amueblar, lo que no deja de ser un sinsentido. Palmeo a octubre, a noviembre y a diciembre en un jaleíto más bien mudo. Sé que a veces las nostalgias no incluyen más que lugares o estampas, sin aditivos ni artificios. Sospecho para mí que hay un folclore anímico, íntimo, casi masónico. Estas cosas son innegociables.

Fotos: Meses en barrica. Granada, Sept'12
(en Páprika y Al Sur de Granada)

14 de septiembre de 2012

Beaujolais nouveau







Tengo a todos mis yo yéndose de putas por la profilaxis de la vida. No sé qué hacer con las letras, lo digo. Es otra cosa ya lo que acabo de decir. Lo suelto y lo retiro o no, y entonces ya no lo pienso. O lo pienso y lo callo, o lo dejo de decir y lo miento. Escribo y borro como digo y olvido. Olvido y tampoco diría tanto. Tinta de uva en la huella dactilar, el borrón, la cuenta nueva; a copa por cabeza me desdigo en papel espumoso y punto. Asomo de pasada en el espejo, me trago lo que es casi una sonrisa y susurro: Eso se lo diré a todos.







Foto, vía.

2 de septiembre de 2012

Sístole/ diástole



Supongo, y digo supongo, que sólo Lisboa 
deja asomar un corazón en el letrero de un motel
y transitar voluptuosas en las impedimentas errantes
canciones por las que brindábamos con los amigos,
hace tres años, o tres noches.


Las fotografías me las presta Michelle, de Sketchofthepast, 
para dar relieve a estas líneas. Obrigada, linda ;)