30 de enero de 2012

Órbitas


Cuando vuelva a acercarse por aquí yo tendré, haciendo cuentas y si lo cuento, setenta y cuatro años. Dicen que si llegara a colisionar con la Tierra causaría una gran destrucción, una devastación a escala global que nos salpicaría a todos, bancos y dolientes, de silicatos de magnesio y hierro. Se trata de un asteroide rozador -lo cual es incluso tierno-, llenito de cicatrices por el choque con sus semejantes. Hay quien defiende que los asteroides sean pedazos de un planeta destruido. Por ahora guarda las distancias, sólo está de paso y su aproximación, mañana, es parte del show espacial, que debe continuar. Instalándome por un momento en el infinitesimal margen de error de los astrónomos, me parecería poéticamente demoledor llegar a fin por el impacto de un cuerpo llamado Eros. Permítanme gastar prosopopeya.


6 comentarios:

condado dijo...

44 más, querrá decir... Y sin que ningún científico se atreva a asegurar que, todavía entonces, sus curvas no provoquen devastaciones demoledoras... ; )

Ra dijo...

¡Errata, errata! Sorry... 74 ;)

Ra dijo...

Corregido. Gracias, Condado!

Anónimo dijo...

¡¡¡Booooooom!!! ;-)

Raposo dijo...

Mañna procuraré estar libre de pecado, por si acaso!

Microalgo dijo...

Eso sería morir erosionado, o algo así, ¿no?