20 de octubre de 2011

When I was younger, so much younger than today

 "Yo también acostumbro a tumbarme 
donde empiezan todas las canciones de Amor" Ajo, micropoetisa.

Hay una señora pidiendo un segundo sobrecillo de sacarina para el café con el que homenajeará a unos churros rociados en azúcar. Hay gente recorriendo el paseo marítimo de un lado a otro para agitar el corazón o mecer la mente. La ida y la vuelta, la mía propia, qué sentido tienen. Pienso en desaparecer, no como licencia poética, sino como extinción. Pienso en las cosas que he pensado decir e imagino por un momento adónde van las cuentas pendientes cuando ya no estamos. Dos testigos de Jehová me bloquean el paso, me piden mi tiempo, me venden lo enriquecedor de intentar encontrar a Dios al decirle que, lo siento, no soy creyente. Acaban de sacarme medio litro de sangre; sonrío: "En esas estamos, señora". Combato el estruendo permanente de las obras urbanas con el Help! en versión Bananarama. Hay un soniquete ridículo en el paso indolente de la gente. ¡Despertad!, coño. Pienso en maneras de hacer más grotesco el día; para eso ya se basta la vida, entiéndanme, no entra en mis planes tentar a Dios: ese caballero que probablemente tenga más motivos que cualquiera para no abandonar el jogging.


Bonus track. Help.- Bananarama

5 comentarios:

Anónimo dijo...

No me canso de entrar a tu blog

Raposo dijo...

Y que lo diga!

HombreRevenido dijo...

Las cuentas pendientes se quedan haciendo jogging cuando nosotros nos vamos. Es por eso que el mundo se mueve. Por inercia.

Si te extingues, como se extinguió el pájaro dodo, deja al menos 50 posts más programados ¿vale?.

Doinel dijo...

Desaparecer no es un verbo...
Y gracias por recordarme que tengo que ir a que me hagan la hemoaféresis (palabro feo donde los haya, oiga) trimensual.
Bisou, Mademoiselle

X dijo...

Me levanto el cráneo. Saúdos.