17 de febrero de 2011

Onomatopeya del latido


Suenan unas veinte canciones, y tomo 
de cada una de ellas una línea para armar
un discurso valiente de cosquillas en el estómago,
un atropello calmo de intentonas verbales
que se suceden en este miedo mío, frío como gota china,
y armazón y distancia, paso atrás,
no vaya a ser que... vamos, muñeca,
esto no es nada, un traguito, respira hondo...
el vértigo es un golpe de Estado.
Hay en el silencio una infantería fantasma
y aquí, ahora, palpamos un poso de revolución y cordura
de donde no queremos movernos.
A pesar del rubor, a pesar de los pesares nos prestamos. 
Me agitas, me meces en la pausa, el ritmo,
rompes el silencio, me encharcas en sentido.
La palabra sabe caminos que la compostura desconoce.

7 comentarios:

Miguel Ángel Maya dijo...

...Glub, trago saliva, y busco clavos ardiendo a los que agarrarme...
...Me ha desubicado este texto: creo que yo también te odio...
...Besos a mansalva...

Anónimo dijo...

A pesar de los pesares!

condado dijo...

"La única constante de la naturaleza es el movimiento, que la mantiene en constante acción"... Más o menos creo que era así, hace mucho que leí el cuarteto de Alejandría, ya ve a donde me remite su post, debe ser por la revolución blanca y lo que está llegando detrás... Un abrazo

Anónimo dijo...

Afortunado el varón que ha inspirado estas líneas...

luna lunera dijo...

El ritmo de tus letras es el que marca mi pausa aquí, delante de la pantalla.

Te debo una.
Un beso.

Anónimo dijo...

Qué bonita eres...

Antonio dijo...

Qué tal fue?