18 de junio de 2010

Palabras (ya) mayores

Un por qué es una granada de mano.  
No suele gustarme lo que hay en la otra orilla de las preguntas. 
 Por cada interrogante nonato hay una razón alegremente viuda.
Hemos roto algunos platos. 
Aún así no guardo nada que no quiera.
Bueno, no, mentira.



Imagen de Rai Robledo.

9 comentarios:

Ando dijo...

"El elefante, simplemente, o existía o no existía. Es por tanto hora de visitarlo, hora de agradecerle la energía con que usó la salvadora trompeta que dios le dio, si ese sitio fuera el valle de Josafat habrían resucitado los muertos, pero siendo sólo lo que es, un pedazo bruto de tierra portuguesa ahogado por la niebla donde alguien, quien, estuvo apunto de morir de frío y de abandono, diremos para no perder del todo la trabajosa comparación en que nos metimos, que hay resurrecciones tan bien administradas que llega a ser posible su ejecución antes de que le sucedan al propio suejto.


[El viaje del elefante]

Ra dijo...

click

condado dijo...

Es eso, la mentira, lo que justifica la pregunta, si no a qué? :D

Ra dijo...

Qué bien me caes, Condado ;D

Anónimo dijo...

Poderosa.

Fiebre dijo...

¡Ay, sé que soy la nota discordante!

Pero en estos casos (y en todos) aparece Lola en vez de Fiebre y siempre me digo en mi interior:

- Manolete...¿si no sabes torear p´a qué te metes?

Raposo dijo...

A veces tampoco gusta lo que hay en la otra orilla de las respuestas.

zeltia dijo...

Las respuestas suelen llevar unos disfraces buenísimos, y no hace falta que sea Antroido.

(lo de la razón alegremente viuda me ha encantado -por éso yo soy mucho de por qués; no me gustan las viudas alegres; creo que todo el mundo se merece unos dias de duelo-)

luna lunera dijo...

Es que un por qué trae muchas dudas detrás, y las dudas son peligrosas.

Pero qué bien escribes las cosas. Me gusta cómo te metes en mi cabeza (enlaces a parte) :)

Besos.