21 de diciembre de 2007

El Niágara en bicicleta

Amasijos de palabras ataviadas con chaqué de neopreno, corbatas para dejar desnuda el alma, canciones con que tomar carreteras secundarias, sonrisas en temporada alta, manoplas para las ausencias, libros pendientes...y tal y como recomienda el hombre de mi tiempo: chocolate, agua, manta que liarse a la cabeza y cadenas, las justas. Está todo.
Total, vuelvo en seguida.

(Pásenlo bien).
Foto: Grados
Reyes Católicos, Granada, 03:20 AM. Diciembre`07

17 de diciembre de 2007

Mss. Azucarillo


"No quiero ser alguien que se torture cada día más
Que lo tuvo en su mano y lo dejó escapar
Lo que te da la vida también te roba el alma."
De momento, Los Aslandticos(*)


Pequeña huye de las pelis en blanco y negro porque el día a día es del color fucsia de su funda de Ikea, y guarda, como el mago que te saca monedas de detrás de la oreja, una sonrisa de guardia para cuando la vida no se deja pintar en technicolor. Ella, que no pone pinzas a su colada porque no teme al cambio climático del barrio, piensa que el carácter es la mitad del destino y por eso postula sin saberlo un estatuto personal capaz de resumir la vida en la frase reciclada y rotunda de un sobrecillo de azúcar.
Sé que el atrapasueños de Pequeña alberga en su patrimonio unos sueños enormes por los que empezar a dar cortos y profundos pasos, por eso esta socióloga incandescente anda recogiendo el puzzle de estos años para llevárselo a la Córdoba sultana en portes incontables de cajas de zapatos. Ella no confía en su sentido de la orientación, y yo me pregunto cómo hará para encontrar “en un chispo” el atajo perfecto para tocarnos la fibra.



Los pilares se me mudan, como los tiempos.



Anita, todo lo dicho entre brindis y entereza.
Foto: Poltergeist en la foto de Anita
C/Elvira, Granada, Diciembre`07



15 de diciembre de 2007

[Paréntesis (XXXIV)]...Tendederos


<<(...) Una tarde Amalfitano salió al patio en mangas de camisa como un señor feudal sale a caballo a contemplar la magnitud de sus territorios. Antes había estado tirado en el suelo de su estudio abriendo cajas de libros con un cuchillo de cocina y entre éstos había encontrado uno muy extraño, que no recordaba haber comprado jamás y que tampoco recordaba que nadie le hubiera regalado. El libro en cuestión era el Testamento geométrico de Rafael Dieste, publicado por Ediciones del Castro en La Coruña, en 1975 (...). La edición del libro había sido posible gracias al concurso de algunos amigos del autor, amigos que quedaban inmortalizados, como si de una fotografía de fin de fiesta se tratara, en la página 4, en donde normalmente suelen aparecer las señas del editor. Allí decía: La presente edición es un homenaje que ofrecen a Rafael Dieste: Ramón BALTAR DOMÍNGUEZ, Isaac DÍAZ PARDO, Felipe FERNÁNDEZ ARMESTO, Fermín FERNÁNDEZ ARMESTO, Francisco FERNÁNDEZ DEL RIEGO, Álvaro GIL VARELA, Domingo GARCÍA-SABELL, Valentín PAZ-ANDRADE y Luis SEOANE LÓPEZ.(...). Recapituló las posibles librerias en donde lo hubiera podido comprar. Buscó en la primera página y en la última y en la contraportada alguna señal y encontró, en la primera página, la etiqueta cortada de la Librería Follas Novas, S.L., Montero Ríos 37, teléfonos 981-59-44-06 y 981-59-44-18, Santiago.(...) Nunca, ni en sueños, había estado en Santiago de Compostela (...). Durante un rato se quedó quieto, respirando con la boca abierta, apoyado en el palo horizontal del tendedero. Después entró en la casucha como si le faltara oxígeno y de una bolsa de plástico con el logotipo del supermercado al que iba con su hija a hacer la compra semanal extrajo tres pinzas para la ropa, que él se empecinaba en llamar "perritos", y con ellas enganchó y colgó el libro de uno de los cordeles y luego volvió a entrar en su casa sintiéndose mucho más aliviado.
La idea, por supuesto, era de Duchamp. >>
Roberto Bolaño
"2666"

9 de diciembre de 2007

Arte-Facto

Yo me ocupo en descubrir
toda su facilidad
para entenderme y sonreír.
A. Vega

Cuando llegamos un niño rompía la farola a pedradas.


Digo allá.
Delego en el purgador automático, al cuidado de un caos curioso.
Pedimos exilio y amparo en la periferia descongestionada de un santuario pórfido
donde el timorato corazón tiene un parquímetro por bypass.


Digo allá.
Donde el mejor de los mundos se hace llamar Óptimo, y la certeza con Fedora negro se aferra a tu sombra cuando ésta se viene conmigo,
como el pulgar del panda arañando el alma en reposo.

Nosotros, Lugartenientes, mendigándole al tiempo sabemos que hay uno de los nuestros en cada vuelta de esquina, que la inteligencia militar se reduce a un puñado de cuentas de la vieja enhebradas a la carta.
La Embajada del Tiempo anota un escolio en sus guerrillas, y a veces quizá el Lapso no sea más que sepultarnos y encontrar, o no, que nuestra fábula se la ha llevado la grúa.