28 de septiembre de 2007

La gallinita


Érase una vez
Una gallinita
Que se fue a la playa
Y la pilló un coche.


¿Te lo cuento otra vez, mami?

Aquello era un bucle párvulo de realismo mágico de jardín de infancia. Cierta dosis de fatalismo -o de moraleja pedagógica, quién sabe- preñaba el desenlace de "suceso", y por descontado no había indicios de que el relato pudiese estar basado en hechos ni remotamente reales. Pero yo ventilaba convencida el devenir de la gallinita, que no prometía ni segundas ni terceras partes en tanto que se alzaba en ópera prima y punto, y que contaba siempre con un público incondicional dispuesto a ser testigo reciclable del acontecimiento fortuito.
Cada vez era, como en el teatro, el estreno.
Hoy, es posible que sienta la necesidad urgente de contar esta y otras historias sólo por cada una de las veces que ELLA - sin rastro de mueca impaciente- se sentaba a escuchar aquel cuento de primera hornada, cuyos derechos de autor guardaba yo impertérrita y arropada, entre los plastidecor.
Foto: Ella
Málaga, 1984

26 de septiembre de 2007

To be or not to be (guay)

Ni por formato, ni por precio, ni por cuestiones estético-ético-periodísticas, ni por línea editorial. Me quedo con la novedad de lo que queda por delante. La novedad bien entendida como una promesa recién nacida de innovación y buen hacer. Público es asequible en más de una acepción, y eso ya es, paradójicamente, mucho pedir. Me choca, a priori, tanto colorido (quizá porque las noticias las prefiero en gris y con un café cargado), así como la ausencia de editorial que -tenga el origen decimonónico que tenga- me gusta entrecomillar de manera cotidiana bajo mi signo propio. Pero iba sobrevolando la nueva publicación de Ignacio Escolar y cia, y cada página me ha abierto los ojos a la siguiente con una avidez que se ha visto satisfecha tanto a vista de pájaro como a ras del rigor periodístico tan demandado por quienes compran un periódico, y quienes no. Los hay que opinan que se trata de un diario de y para los que “se creen guays”. Es posible, probable y además, necesario, teniendo en cuenta en términos socioestadísticos que este sector social eminentemente guay también lee las noticias y también ve el mundo bajo un prisma y una voz. Y digo yo, ¿cómo será eso de ser guay? Quizá fuese cuestión de urgente necesidad que Público obsequiara cuanto antes a sus lectores con un Decálogo del Guay, con el que evaluarnos y autoubicarnos según qué historias en una definición de amplio espectro del Ser Guay, y así evitar pérdidas innecesarias de tiempo, y de dinero, a los lectores que no sepan “desde ya” si este periódico es para ellos…para eso ya está la prensa-rosquilla de esquina y autobús, que es masivamente gratis (con casi todos mis respetos). Que sí, que muchos ya vamos al kiosco con la idea hecha: SÍ, unos para bien, y otros para mal, como toda la vida (faltaría más! somos un país de tradiciones!), pero importa, y mucho, que sigue habiendo cabida para uno más. Por mi parte, que tras leerlo he sentido unas ganas tremendas de ser guay un ratito en esta democracia ídem, propongo un hurra por esta nueva paternidad de Gutenberg que traiga, cuando menos, el beneficio de la duda debajo del brazo.

24 de septiembre de 2007

[Paréntesis (XXXI)]...el fantasma escritor



"Cada vez me voy sintiendo más cercano a una de mis figuras literarias predilectas, el fantasma: alguien a quien ya no le pasan de verdad las cosas, pero que se sigue preocupando por lo que ocurre allí donde solían pasarle y que -aun no estando del todo- trata de intervenir a favor o en contra de quienes quiere o desprecia. Todo escritor, yo creo, se asemeja un poco a esta figura: habla e influye, pero no siempre se deja ver, a veces desaparece o calla durante largo tiempo, en otras ocasiones arma grandes estrépitos con sus ficticias cadenas o intenta ahuyentar con su sábana blanca de intangibles palabras. No está del todo presente pero asiste a los acontecimientos, y sobre todo ronda."

Javier Marías

Títere: Compañía Ángeles de trapo

15 de septiembre de 2007

(*)


Algo tendrá que nosotros no sepamos. Cuando desaparece, cuando señala casi imperceptible y nos deja con la miel en los labios, cuando camina sola y tanto tú como yo queremos ser tórridos ocupas de su termométrica manera de pensarnos. Hay veces que fantaseo cruzármela en el ascensor que va al tercer piso, a menudo ninguno de los dos sabemos que late inquieta, y miramos al techo y a uno y otro lado, compartiendo segundos como testigos amnésicos de una Caja de Pandora que (im)prudentemente abierta pareciera mantenernos dando volteretas absurdas y felices en su líquido amniótico, callados, respirando (respirándola), asomados al silencio confiscado que ella llena de mercurio. Entonces la puerta se abre, sonando como debe sonar la amargura, y sin que sepamos quién ha alcanzado (por un momento) a quién, su silueta se aleja volviéndose cada vez más borrosa, desdibujándonos y despidiendo con el escozor de un ruido de tacones, recomponiendo el laberinto baldío donde nada se conquista si es el eco lo que falta, exhalando sobre el vidrio de nuestras nucas la célibe sospecha itinerante de que una vez fuimos leves.
(*) La inspiración vive arriba

10 de septiembre de 2007

[Paréntesis (XXX)]...Relecturas


"Sidney Kugelmass, profesor de humanidades en Nueva York, no es feliz en su segundo matrimonio. Casado con una troglodita, necesita poner en su vida un poco de romanticismo; como no puede permitirse un segundo divorcio, porque su mujer le partiría la cabeza, la aventura debe ser discreta, y el Gran Persky, un mago que se ha enterado de su problema, le ofrece la solución. La solución es un armario mágico: Kugelmass no tiene más que meterse en él, y el Gran Persky echará dentro el libro que su cliente haya elegido, cerrará las puertas, dará tres golpecitos y el profesor saldrá proyectado hacia ese libro, de manera que podrá conocer a cualquiera de las mujeres que crearon los mejores escritores del mundo, aquella con la que Kugelmass haya soñado. Kugelmass acepta, después de algunas dudas elige proyectarse en Madame Bovary, se mete en el armario, oye los tres golpecitos mágicos y de inmediato aparece en el dormitorio de Emma Bovary en su casa de Yonville. Se inicia así un idilio apasionado: Emma y Kugelmass conversan, sueñan, follan, son felices. Kugelmass viaja varias veces a Yonville; Emma viaja una vez a Nueva York. Mientras tanto, los estudiantes de todo el mundo preguntan a sus profesores: “¿Quién es ese personaje de la página cien? ¿Cómo es posible que un judío calvo esté besando a madame Bovary?”. Hasta que un profesor de la Universidad de Stanford da con la respuesta. “No entiendo nada de nada”, dice el día en que Emma visita Nueva York. “Primero aparece ese Kugelmass y ahora desaparece ella. Supongo que ésta es la prerrogativa de los clásicos: los vuelves a leer por enésima vez y descubres siempre algo nuevo”.
No cuento el final del cuento, que es de Woody Allen y acaba en catástrofe, como debe ser. Lo que cuenta es que, aunque nunca podamos llevarnos la sorpresa que se lleva él, el perplejo profesor de Stanford tiene razón: los libros que nos gustan nos gustan porque nunca acaban de decir lo que tienen que decir, o porque nunca nos hartamos de escucharlo. Todos escuchamos muchas veces las canciones que nos gustan, pero poca gente lee muchas veces los libros que le gustan. Esto es un error. Leer un libro por primera vez es como follar con alguien por primera vez; se trata de una tarea informativa: cartografiamos el territorio, verificamos si es de nuestro gusto, localizamos los puntos álgidos, ensayamos posturas. Eso es más deslumbramiento que placer: el placer llega con la segunda, con la tercera, con la cuarta, con la quinta vez, cuando uno ya conoce y elige y ofrece y pide, y no necesita leer el libro entero para disfrutar de sus pasajes favoritos. Por supuesto, no digo que no haya placer en la aventura y aventura en el placer; digo que el primero es el momento épico, y el segundo, el momento hedónico. También digo que no hay nada más estúpido que hacerse trampas con el placer, que es una de las pocas cosas serias de la vida.(...)"
Javier Cercas,
Viciosos sin fronteras
El Pais, 28/08/05

7 de septiembre de 2007

1 €/hora

Uff, prometo que lo intento. Rozo ya los niveles de complicidad con el chavalito del ciber locutorio, que me hace descuento y me regala "croasanitos"...y que cualquiera de estos días pondrá también su comentario-granito de arena a alguna entrada tonta como ésta. Se hace una ya de la família. En el corazón de Granada el termómetro de un lugar como éste debe estar alcanzando niveles nocivos, los ventiladores remueven el aire caliente, los comentarios pululan de un ordenador a otro, la música-ambiente se compone de un remix curioso entre Fito, J Lo y Bonnie Tyler... Intento aislarme del resto, y escribir, y leeros sin perder la concentración, pero es un proceso que desarrollo a tropezones, porque la señora rumana está gritando mucho, como si estuviera encabronada con el mundo, o no, parece que finalmente sonríe como recién aterrizada de tener un buen día; además, aquí mi vecino de pc opina vía telefonía móvil (previo politono "Lamento Boliviano"), que no, que hay que darle caña tía, que si no los tíos se te suben a la chepa, y entre A y B me mola más A (que parece que es el cabroncete) pero bueno, B es tan tiernooo...que se joda A!...y luego estamos los que a pesar de sentirnos absurdos, tenemos toda la pinta de gilipollas riendonos "solos" con la última línea de la conversación del messenger ... Total, intimidad Cero Fahrenheit...y sigo más o menos por orden, visitando a la imprescindible Doutora, al recién hallado ZeroVacas, a mis blogeros-fetiche Franético y Torreira...( y a todos los que cabeis en este paréntesis, que probablemente entendais con solidaridad por qué reparto la concentración en días alternos, muy a mi pesar). Y la sangre se te hiela en el instante en que te dispones a escribir alguna dirección, y la barra te propone alguna tresuvedoble visitada anteriormente, que mientras sea www.buscoemocionesfuertes.com o www.quieroserunabratz.es tiene un pase, pero que se vuelve alarmante con el recurrente www.sex.es, así tal cual, sin anestesia. Entonces, por inercia decides mantener una distancia prudencial con el teclado, por cuestión de respeto mútuo...pero bueno, te arrancas de nuevo, creyendo que puedes ponerte en una necesaria cuarentena comunitaria...y tecleas, y le das a "publicar entrada"...y la polución de esta micro atmósfera te acaba confundiendo hasta tal punto que cuando notas que son más de dos (y de 3, y de 4) los que tararean semi-poseídos a Cher (do you believe in love after love), sientes que lo has hecho: que has sentido en tus carnes la llamada sudorosa de la confraternidad en mayúsculas.
Prometo volver, más cuerda, y con conexión propia.

5 de septiembre de 2007

[Paréntesis (XXIX)]...Mario y el vacío

[ (...) Yo también estoy en una especie de suspenso, no colgando sin que mis pies toquen el piso, sino más bien en el sentido de "puntos suspensivos". Pausa, demora, quedarse en la última sílaba de la última palabra, como arrastrándola. También podría decir: "Hombre entre paréntesis", aunque más exactamente yo sería un hombre después del primer paréntesis, preguntándose por el segundo. Una etapa provisoria, de emergencia, y que sin embargo se prolonga y se prolonga en el tiempo, no termina nunca de definirse. Es como ir a un hotel por dos o tres días y quedarse meses y años, siempre con las cosas dentro de una valija o de un bolso, siempre dejando correr las incomodidades "hasta que llegue el momento de asentarme en un lugar".]

Mario Levrero- El discurso vacío