30 de agosto de 2007

Una vaca de cómputo


Diez minutos antes habrá pasado el cartero. No servirá de nada pensar que de no haber perdido esos diez minutos andando desde el sitio donde encajo el coche hasta casa, habría pillado el paquete a tiempo. Habré ido corriendo hasta la oficina de Correos siguiendo el rastro del carrito amarillo, creyendo que será una entrega de cualquier otro tipo, con el efecto retardado de la visita al dentista y un margen de error y destino de esos diez mismos minutos exactos antes de que los funcionarios palmeen su hora de comer. Comprobaré sorprendida que el remitente serás TÚ. Tú que darás con mi tecla, arañarás mi fibra y me arrancarás conatos de lágrimas por el rabillo del ojo cuando intente hacerme la dura y nadie me haga llorar. Tú, que serás capaz de adivinar por qué se me habrá antojado enviarte este julio “O Principiño” desde la Ría de Muros, o un lote de palabras de Benedetti que custodien tu espalda cuando no esté yo. Y no preguntarás por qué como tampoco "cuándo" empecé a adorar las vacas…si fue desde ese Primer Acto de Castelao que se me abre, si le puse nombre a las ganas de tener aquella del escaparate en Granada o si todo empezará con ésta que hoy desenvolveré, manufacturada con textos y trozos de este Cómputo y de tu ARTE, y que tendrá su pasto en mi emancipada biblioteca. No muy lejos del ahora. Para entonces, tú y yo estaremos llegando (a lomos de una vaca customizada de flamenco cool y savoir faire) a cualquier refugio encontrado con sede en tu mundo y el mío, a sólo diez minutos de ninguna parte.
(Señores, la foto como siempre es mala y hay que ampliarla para conseguir ver algo. Ella ha cosido pedazos de mis fantasmadas en cartón piedra(que no puedo reproducir por mi perspectiva torpe) con el mismo duende francés con el que reconstruye a esta que escribe; así que, les presento a la mascota oficial del Cómputo, cortesía y obra de AnneGlam.)
Belle, tu me laisse sans mots. Nous avons en attente mille compte et mille et une pauses à Santiago, à Granada, à Strasbourg...dans n`importe quel refuge inventé.
Merci, merci, merci.
(¿más o menos? ;) )

26 de agosto de 2007

"...y tú partirás"


Señores, ocupen sus asientos. Vestimos las mejores galas de la costumbre, y la predicción meteorológica y la lógica aún prometen. La piel ya precisa factores de olor a coco y las maletas tienen hambre de volver, o de haber ido. El calendario cuenta hasta diez antes da darse la vuelta y tiramos la casa por la ventana en ferias ambulantes y tómbolas privadas. Hacemos balance de impulsos de saldo, de pedazos de luna con décimas de fiebre sobre los tejados. Hoy presentimos que los días nos dejarán con sed de madrugadas, y que llegará el momento de pedir cinco minutos más cuando el anhelo juegue mañana a la ruleta rusa. Volvemos a la vuelta al cole de las ciudades con mochila nueva, a contar los días que quedan para el Próximo, a consultar la agenda y aparcar a la primera. No se nos tendrá en cuenta el ponernos tontorrones y tararear aquella canción del Dúo Dinámico, mientras esperamos que haga su aparición La Lengua Popular. El verano hace un espectáculo de sus últimos coletazos para dar la paz a almas nómadas y vocaciones de enmienda. Tenemos la luz antojadiza de una moraga malagueña (si me permiten) y un pareo como telón. Entonces miramos la bola de helado que corona el cucurucho que tenemos entre manos, dispuestos a contemplar cómo agosto se apaga de un soplo mientras nosotros, provistos de meses y bolitas de alcanfor, secuestramos instantes en la retina.
Pasen y vean. Invita la casa.
Imagen: Britton se refleja en las gafas de Margaret Wright

22 de agosto de 2007

La Esperanza de Alberto

Dice Rajoy que el alcalde de Madrid podría ser un buen número dos pero que “hay muchos otros”. No sé. En 2004 decía pretender una lista de “candidatos potentes” y alejarse así de la confección de una de baja talla. 2008 va camino, según se ve, de coger de nuevo unos kilitos. Me acuerdo gustosamente de Gallardón cada vez que monto en el metro. No vale preguntar por qué, esto es un porquesí de los pocos que particularmente le otorgo a este personaje (que responde más que a una simpatía por él, a una antipatía por tantos otros) y que conste es una confesión de cascarilla. Casi como el papel que en su partido le toca asumir (Señor, líbrame de mis amigos, que de mis enemigos ya me encargo yo). De seguir como hasta ahora, las listas electorales del PP prometen pocas buenasnuevas comiciales y/o hemicíclicas. Me inquieta leer que sea Cobo el único defensor de su propuesta, en un partido donde las directrices ideológicas de fondo pasan por ser una mezcla entre tachones elitistas de Pareto y algún boceto tuneado de Darwin. Va a ser que ahora tampoco nadie es profeta en su sede. La meritocracia se ve mermada por las declaraciones de Acebes y Zaplana por un lado, a quienes exigir cuentas sería malgastar una estupenda mañana de agosto, y por otro de Espe, Dominatrix indiscutible que ataca con el látigo de su baronazgo cuando se ve amenazada. No suelo pedirle peras al olmo, pero la Sra. Aguirre me parece la paradoja de la caricatura que se ríe del mundo, con un discurso insultante y muy poco sentido del ridículo. Y siendo totalmente parcial, escuchar sus declaraciones me empuja acalorada a abogar, con los ojos cerrados y desde la orilla de enfrente, por las papeletas de Gallardón (huelgue decir que sin voto siquiera hipotético de derecha y sin más que una cierta fe al menos en lo consecuente del alarde de las posturas liberales de semejante partido, reconociendo al César lo que sea del César). Baste que a una sola persona más, votante o no del Partido Popular, le ocurra algo parecido para que surja la urgencia de plantearse que dar la talla no es acumular votos y legislaturas por activa y por pasiva, sino dar cabida, llegado el caso, a las virtudes y esperanzas de otros aún a riesgo de tener que aceptar, con la dignidad pertinente, la menopausia de tu escaño. Que nos importe entonces más, por favor, la supuesta supervivencia de la especie democrática, que no la nuestra propia. Yo, como el Sr. Millás, también tengo la mosca de Mosca detrás de la oreja.

17 de agosto de 2007

[ Paréntesis (XXVIII)]...Bolaño entre paréntesis


En la sala de lecturas del Infierno En el club
de aficionados a la ciencia-ficción
En los patios escarchados En los dormitorios de tránsito
En los caminos de hielo Cuando ya todo parece más claro
Y cada instante es mejor y menos importante
Con un cigarrillo en la boca y con miedo A veces
los ojos verdes Y 26 años Un servidor
VII, Siete poemas breves-
Roberto Bolaño, 1981

9 de agosto de 2007

Villa Placebo


Hacen falta cosquillas para serios
pensar despacio para andar deprisa
dar serenatas en los cementerios
muriéndonos de risa.
Sabina
La escapatoria transita garabateando en la arena, por ser buen exfoliante de la parte de nosotros que tachamos con soltura. En ella, en la tangente, hay quienes se cuidan de las lunas llenas, y de las vacías, bailándose insobornablemente el agua en arcos de punto y medio, jugando indiferentes a ser ocupas de tronos inabdicables, o jinetes improvisados de un Apocalipsis pantomímico. La vida tiene siempre dos tallas más que ellos, y arrastran los pies cuando se van de cualquier sitio por saber que es la huida la mejor manera de quitarse el sombrero. En mi Moleskine, las princesas llevan botas con espuelas, los soldaditos son de cerámica, y de plomo las muñecas. No hay niños de papá, ni nenas de papito, ni corsarios que naufraguen sin mojarse, aferrados al barril de los latidos inertes de damiselas instaladas en el apuro. Cuentan que allí los besos se desglosan del modo en que caen los pétalos de las margaritas, y resulta que los genios tienen la sonrisa tierna de un niño pequeño. Las miradas se bautizan perdidas cuando los ludópatas anímicos hacen juego en las distancias cortas; y el aforo de los clubbes se llena de compromisarios que se dejan la piel hasta agotar existencias, muertos del hambre que sólo provoca la sed de creer en sí mismos, esporádicos habituales de la duda que hace agua la boca. Dos calles más allá, hay, por si acaso, servicio y reparación de lo que cae en saco roto, y al concluir la veda, los furtivos del hastío dejan poco y nada tras de sí. Los copyrights son íntimos, y difusos, prestamistas endeudados del Quizás díscolo, que se saben, sin más, propensos a la urgencia de ser propensos. Ahí el vacío se recurre, y a las curvas peligrosas no se les coge el pespunte. En esta Villa de mi letra y calco se conforman, entre vinosofía y biblioterapia, corazones fulanos que ni caben en el pecho ni se venden al Diablo.
Foto: Pasitos que calzan un 18
Galiza, 07/2007

6 de agosto de 2007

El Factor Thatcher

Cualquiera sabe cómo acondicionar el subconsciente para burlar los sueños demasiado grotescos. Me despierta un exceso de temperatura provocado inequívocamente por haberme visto convertida entre almohadones, en biógrafa por encargo de la Dama de Hierro. He tenido que sudar en sueños la gota gorda. Me tomo el café en el balcón, dispuesta a capotear a Freud con un remedio casero de psicología de uno mismo. No me quito de la cabeza la cara de la Dama. Inmediatamente me viene al recuerdo Laura, una amiga del colegio. Laura siempre tuvo claro que ella de mayor quería ser Margaret Thatcher. No creo que aquel interés respondiese a ninguna pretensión real, si acaso, a la misma lógica por la que Laura, que no era de las que más corrían en clase de gimnasia, increpaba a la crueldad infantil de los compañeros con un “y tú qué te crees? ¿Robert Redford?”. Tampoco me consta que el actor respondiese a ningún icono de belleza de la EGB. Pero Laura era Laura, y lo dicho: quería ser Margaret. Porque no tenía ni idea de lo que esa mujer pintaba en el mundo, pero ya sabía que Margaret era mucha Margaret, y eso bastaba. Ella sabía que RonalRigan correría por Camp David si a Margaret le daba la gana. Y es que hay que ser Mucho De Ti Mismo para hacer lo que ella hacía, para inspirar a Pink Floyd o a Morrissey con su Margaret on the Guillotine, o para por ejemplo eliminar de la agenda de tu Gabinete las cuestiones económicas durante 25 meses, permitiendo que fluctuase libremente según las reglas del mercado cambiario internacional, no sólo la libra esterlina, sino ella misma. Y no es que Laura supiese eso ya entonces, pero quién sabe si la pequeña Maggie tampoco era de las que más corrían en gimnasia y puso a su dios por testigo al más puro estilo O`Hara.
Madre mía, qué habrá sido de Laura.
Aparco la brico-psicología de andar por casa por la cuenta que me trae, porque con todos los soñadores de hierro que hay en el globo, tocarme a mí (soñadora rasa) el encargo, tiene delito.
Buen lunes.


Imagen: Thatcher y Reagan, en Camp David