30 de junio de 2007

No me hables, no me hables


No me hables, no me hables
No me hables así
No me mientas, que me duele
Que me intenten mentir
(J. Pardo)
Llegaba un momento en que Pepe cantaba sin ningún ánimo de aparentar equilibrio, con los codos apoyados en la barra de la taberna de mis abuelos, y el corazón atípica y tópicamente en el fondo del vaso. Siempre era la misma canción, pero todos le mirábamos intentando descifrar qué historia había detrás de su manera de entonar el No me hables, no me hables…” que dejaba el mismo sabor de boca, verano tras verano. A veces, yo llegaba de la playa, que no era más que una excusa para pegarme un atracón insalubre de moras por el camino, y Pepe, sentado en el banco, me decía: “Raquelita, a que en Málaga no tienes una playa toda para ti? Esta playa está todo el año peleando con el mar, esperando a que llegues” Entonces yo, con mis ocho años ingenuos, le contestaba “quién te lo dijo, Pepe?” Él respondía “el mar, oh”. Me gustaba su manera de hablarme en castellano como si quisiera facilitarme las cosas. Algunas noches improvisábamos un concierto en la puerta con la guitarra de juguete de mi hermano, y una caja de Estrella Galicia haciendo las veces de batería. Los dos enanos le hacíamos los coros, sólo el estribillo, claro, porque no conocíamos la letra, pero no desentonábamos porque Pepe tampoco cantaba mucho más que eso. Aunque a nosotros algo nos dijera que se la sabía toda. Las noches en que Pepe estaba triste, volvía a cantarla, y miraba al mar, como si de verdad le contase algo. Nosotros estábamos seguros de que en aquellas conversaciones, Pepe hablaba con el mar del tiempo en que estuvo embarcado, lejos de su propio puerto, de lo que quería, y por ende lejos de algún amor sin posibilidad de ancla, porque era lo que tocaba. Para los mayores, en cambio, era síntoma de que ya iba siendo hora de llevarlo a casa.
Me levanto canturreando su canción y me sale distraída y torpe una sonrisa triste. Cuando vuelva no tendré ocasión de preguntarle si Ximprón me sigue esperando; cantaré para mí en esa playa solitaria, custodiando ante el mar el secreto de Pepe, sin ocasión de decirle que ya me sé la letra.
Foto: Praia de Ximprón (feb`07)

28 de junio de 2007

[Paréntesis (XXVII)]...


Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.

Date por muerta
amor,
es un atraco.

Tus labios o la vida.
El lugar del crimen
Luis G. Montero

24 de junio de 2007

[Paréntesis (XXVI)]...monstruos como fantasmas


“Nada más parecido al sacrificio que esta terrible voluntad del arte. ¡Qué tenacidad la suya y qué insensatez! Todo lo que los hombres olvidan, a fin de hacerse posible la vida, nosotros lo descubrimos y agrandamos; somos nosotros los que despertamos a nuestros monstruos, a los que no nos sentimos lo bastante opuestos como para erigirnos en sus vencedores; y es que, en cierto modo, nos sentimos de acuerdo con ellos; son ellos, los monstruos, los que custodian esta reserva de fuerza indispensable para todo aquel que quiera vencerse a sí mismo”

Rainer M. RILKE
Fotograma: El Espíritu de la Colmena
(Víctor Erice)

19 de junio de 2007

Menta


Y era la mención especial de un dia corriente,
invitada de honor en un sarao de fantoches disléxicos
que se beben la vida a sorbos entre prisa y anhelo.
Que todo lleve su tiempo no era más que
el graffiti en la esquina del día a día,
o el estimador del arrastre de suelas de contrabando,
como cheque al portador de mi equilibrio con pinzas.
No hay plan B sino fugarse, sónar, en un círculo dantesco,
ombligo mimético de la miseria propia y ajena
dejando a cubierto la intemperie de un presupuesto vital,
que orilla al fin, dentro de tu jersey.

17 de junio de 2007

[Paréntesis (XXV)]..."Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes"


Qué podría querer un hombre oscuro
sino un abrazo que nunca se agotase,
delfines en el agua, un bosque de abedules
y una colina para ver las auroras boreales.

Qué podría querer un hombre oscuro.

Qué podría querer un hombre oscuro
sino un barco sin rumbo en océanos tibios,
los planos de la isla del tesoro y la casa
que da a la playa de los días perdidos.

Qué podría querer un hombre oscuro.

Qué podría querer un hombre oscuro
sino un mundo diminuto, tres verdades,
unas migas de pan para los pájaros
y un vino que refleje sueños y ciudades.

Qué podría querer un hombre oscuro.
Un hombre oscuro
Pablo Guerrero

15 de junio de 2007

EGOCRACIA

( Las líneas que siguen a continuación son en esencia ficticias. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. O éso dicen.)
Hoy gasto una mala hostia que se viste por los pies, una mano izquierda agonizante y sindicada en huelga de flagelo, y una boca cansada de evacuar desdenes ortodoxos y respuestas telegráficas. Entre poco más, cuento con escasa voluntad y menos lindezas, con reveses de sobra y contratiempos varios, que no precisan de apoyo logístico para hacer de vicario acéfalo de tamaña crudeza. Busco hueco al profuso batallón de hemisferios encapotados, de temples de recámara y culata, para cerrar párrafo sin derrumbes ni clavelitos. De modo que me he dejado las ganas supletorias en algún aria de soprano complaciente, para soltar un estribillo gastado de copla y porrazo, y hacerme un chal en clave de abanico con los restos humeantes del prematuro empalago. Hoy pa´tí no estoy.
Ilustración: Alberto Montt
( Este desbarajuste ególatra es poco más que una excusa para plasmar el "GOLPE AL LEGO" de Montt. GENIAL)

12 de junio de 2007

15-J


Ya hace 30 años del pasar página de los españoles en cualquier hemeroteca. Para estas cosas soy una nostálgica, la política de entonces me roba el quórum de un cuore que palpita cuando ve fotografías gastadas por el paso de alegaciones, enmiendas y carteles demodé. En esas primeras elecciones democráticas yo aún no había nacido, mis padres estaban a 1200 km, sin conciencia de encontrarse, seguramente ella queriendo votar por una Galicia con Z, y votando una izquierda comunista él. La normativa electoral recién estrenada regulaba la financiación de la campaña que hiciesen los partidos, de modo que el Estado devolvería a éstos 1 millón de pesetas por escaño obtenido, lo que vendrían a ser unas 45 pesetas por cada uno de esos votos al Congreso con los que el pulso temblaba. Así comenzaba el proceso de cambio político a la democracia, fruto, cómo no, del consenso. Entonces los pantalones de campana eran el último grito, Vázquez Montalbán firmaba como Sixto Cámara en números secuestrados de Triunfo, JoseMari probablemente empezaba a plantearse dejar de ser funcionario de Hacienda para llegar a primer funcionario del país, ZP no pudo aún votar a Felipe, y Rajoy…quizá ahí ya pensara que había tiempo de pedir responsabilidades a aquellos que no conformaron los 16 escaños de Alianza Popular. Y tanto. Treinta años después, me habría gustado que clase política y ciudadanía hubiésemos digerido la democracia con buen rumbo, pero a veces me sigue dando la sensación de tener el bolo democrático aún en la garganta. Hoy no sabría decir, si el voto, ha ganado o perdido valor con la transición al euro, no puedo preguntarle a Sixto y a mi padre si se sienten orgullosos de lo que votaron, porque ya no están, y aunque esto no deje de ser un “quejío”, asumo, sin esperar pedirle cuentas a nadie, la responsabilidad de un consenso honesto que me toca cuando Jarcha me sigue erizando el vello. Porque es entonces cuando la sangre, hirviendo, empieza a estar en su lugar.
"...cuando la inmensa mayoría del pueblo español pronunció un silencioso parte político con la lengua del cerebro y del corazón."
"Adiós, franco, adiós" (25 /06/07)
Sixto Cámara
Imagen: Revista Triunfo Digital, Portada Núm. 751, 18/06/77

10 de junio de 2007

Corazón de mudanza


Esta mañana la nostalgia se ha tomado la licencia de invadirme, sin importarle en absoluto que los que ya pasaron por ésto me lo hubieran advertido. No quiero flaquezas de niña pequeña a estas alturas de la película, así que trago saliva y recuerdos con gesto de tipo duro para asumir con entereza y miedo que tengo un pie fuera. Y subo el volumen de la carpeta de las canciones olvidadas en algún rincón del pc, para dar carta blanca a la memoria con una torre de cajas vacías, aún, que parecen pocas para llevarse Granada. Me paro en las fotos que se han ido sucediendo, le presto un poco de atención a Max Weber, a Faulkner, a Constant…también las lecturas se han sucedido. Las mudanzas consisten en un harakiri acotado que te brinda dar un paso atrás, para coger impulso. Como en cualquier batalla, naufragio o cierre de capítulo tropiezo con cosas que no me pertenecen por abandono, descuido o desvarío: letras consentidas, bailes acabados y alguna sonrisa tuya en formol, como cuando nos reíamos con aquella canción de Tontxu en la que las paredes, como las nuestras, sabían demasiado.

Si no corriese más que las tecnologías, este sería el lugar para la canción de Tontxu, que anda también susceptible de rescate en esa carpeta.

8 de junio de 2007

Envío


He intentado esta noche no dejar un detalle olvidado, ni siquiera para que como el que pretende un rastro de migas de pan, tú puedas seguirme. He dado una vuelta, y otra, me he visto, enajenada, en segundos manuales e isósceles con los que he tentado una sombra ceñirse a mi espalda, y un escalofrío me ha cerrado la boca, pronunciable. Me he aliado con la almohada, tanto, que no quiere contarme qué canallada atenta sin pudor contra mi sueño, y me deja despertar con despiste y sin franqueza, alfabetizada y rota en un paliativo vaivén.

7 de junio de 2007

[Paréntesis (XXIV)]...Caballeros


"No me da mucha pena el haberle perdido, que ya sabes tú, Sancho dijo don Quijote, que yo tengo la receta en la memoria. También la tengo yo respondió Sancho, pero si yo le hiciere ni le probare más en mi vida, aquí sea mi hora. Cuanto más, que no pienso ponerme en ocasión de haberle menester, porque pienso guardarme con todos mis cinco sentidos de ser ferido ni de ferir a nadie. De lo del ser otra vez manteado, no digo nada, que semejantes desgracias mal se pueden prevenir, y si vienen, no hay que hacer otra cosa sino encoger los hombros, detener el aliento, cerrar los ojos y dejarse ir por donde la suerte y la manta nos llevare. Mal cristiano eres, Sancho dijo, oyendo esto, don Quijote, porque nunca olvidas la injuria que una vez te han hecho; pues sábete que es de pechos nobles y generosos no hacer caso de niñerías. "

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

6 de junio de 2007

Ciudadela


"Se dice de mí que nunca vuelvo y
siempre me estoy yendo a ningun lugar"

A. Calamaro
Corazón en venta

¿Han sido alguna vez conscientes de la calidad fugitiva de las horas? ¿Han podido contemplarlas desde el golfo de un horizonte viudo? Una vez yo estuve en ese laberinto, donde tuve el deseo, o la necesidad, de entrar. Pude irme.
Ella juega con el azar, o conmigo, nunca lo he tenido del todo claro. O puede que no juegue, y no haga más que no hacer nada en las manos de las que no son ella. Yo busco vigilias donde pernoctar, un cuajo entre realidad y ficción, porque mirarla fijamente es como darle el cheque en blanco de mi pequeña patria devaluada. La veo en cualquier canción, todo se parece a la peor escena de un guión fácil. Hay cosas que sólo querría contarle a L., porque si ella las escucha se tornarán en anécdota, las derrotas y las victorias tienen el color combinable con su ropa interior, invento nuevas maneras de hacerle el amor que no le hago, y a veces, me visto, me invento y me sonrío, para que ella me vista, se invente y me sonría. Y por estar harto de cómodas cuotas, sigo cuidándome de ser idiota sin ganas. Cierro los párpados para recibir el arañazo de su presencia incorpórea anudándome la corbata en el paso de peatones de esa esquina de mi memoria donde yo la espero siempre *, ya no sé a dónde iba, pero confío en que ella esté en algún punto del camino, en la baraja y medida de lo imposible. Porque cuando L. no está el resto del mundo no es más que de segunda mano.

Novecento, amigo: Cruza (te lo debía, enhorabuena)
Ilustración: Pompas de Papel
(*)"...y me dirijo sin esperanza a esa esquina de mi memoria
donde yo te espero siempre" (J.M.Conget)

4 de junio de 2007

[Paréntesis (XXIII)]...J.J y los bolsillos

" Tengo que averiguar si los bolsillos, como los armarios empotrados, se comunican entre sí secretamente. En tal caso, igual que ahora puedo entrar en el armario de un hotel para aparecer al instante en el de tu dormitorio, también sería posible que un objeto cualquiera introducido en el bolsillo de mi chaqueta -un anillo, una flor, una postal- cayera en realidad en el de la tuya. A ver si puedo confirmar esta hipótesis y encontrar el conducto que une todos los bolsillos del universo mundo, porque de esta manera, al meter mi mano en el bolsillo del pantalón, podría aparecer en el bolsillo de tu falda; así, en lugar de sentir a través del forro mi muslo, presentiría el tuyo, y al rascarme rascaría tu pierna, y al alcanzar con la punta de los dedos mi sexo estaría en realidad rozando el tuyo. Mientras esperara el autobús, metería distraídamente las manos en los bolsillos y nadie sospecharía que al acariciar mis ingles y sus alrededores estaría en realidad explorando la periferia de las tuyas. Y tú, dondequiera que estuvieras -quizá en el metro o en otra parada de autobús-, percibirías mis caricias y meterías las manos en los bolsillos de tu falda, pero en lugar de alcanzar tu sexo tropezarías con el mío, porque tus dedos se habrían trasladado de bolsillo. Y así, aunque separados por las calles y edificios, yo me ocuparía de tu excitación y tú de la mía sin que los transeúntes ni los guardias llegaran a percibir ese tráfico de manos y de sexos. Y dejaríamos dispuesto que al morirnos nos enterraran con las manos en los bolsillos para no dejar de tocarnos, primero con nuestras fallecidas huellas dactilares y después con la punta de los huesos. Y así no nos importaría que nuestras tumbas estuvieran muy separadas, porque por entre los forros de nuestras mortajas intercambiaríamos uñas y falanges y gusanos de seda. "

Las manos- Juan José Millás

Imagen: Robert Frank

1 de junio de 2007

Tan bonita, Margarita, tan bonita como tú...*

Engroso el censo de un pueblo donde los políticos quieren por todos los medios ocupar el sillón. Unos lo acarician, otros no lo sueltan, y donde come uno, han comido de toda la vida, dos. El tema de la POLÍTICA es casi tan recurrente como el del AMOR. Uno va en el ascensor y deja caer: "Bueno, por fin ha pasado la campaña". Si le quedan ganas, el interlocutor B responderá, por cortesía, "Sí, sí...y en breve fumata blanca". Y si es vecino de mi misma villa dirá en tono de guasa "Habemus Pacto". Cosa nada rara en un municipio, sólo que en el mío, los pactos entre caballeros (aunque rotos) han sido PP-PSOE en las anteriores, y ahora cualquiera sabe, o mejor dicho, lo sabe todo el mundo. En los días previos, de cuyas horas no quiero acordarme, desayunaba yo con mi señora madre en una cafetería junto al Excmo. Ayuntamiento, justo al lado de una mesa más post que pre-electoral, con cafés con leche en lugar de urnas. En la puerta, un Señor del Este tocaba al acordeón una pieza, adornándonos la mañana con una vital dosis de buen gusto. Cada dia de verano veo y oigo tocar a este hombre en cada punto del paseo marítimo. Siempre regala la misma sonrisa, pongas o no, unas monedas en su cartera. Las notas del acordeón, en ese viernes de mayo, acaban por restarle audición a la realidad de funcionarios locales y políticos nerviosos, y uno de los números de lista, que probablemente estuviera en asuntos mucho más interesantes, pero ni éticos ni estéticos, se queja por la imposibilidad de oir al concejal de turno saliente o entrante. "Ya no puede uno ni desayunar tranquilo. Habría que hacer algo con este tipo de cosas" . La niña de la mesa del batido de chocolate, que no tiene aún edad para votar, se gira mientras mira al numerable-electo diciendo "¿Usted toca el acordeón?. A lo que la señora bien peinada responde extrañada, que no. "Pues él SÍ. Es su profesión. Debería escucharle". Ahora, los votos ya han caido por su propio peso, o por el ajeno, y muchos de nuestros representantes, y de nosotros, sencillos mandados, seguiremos sin darnos cuenta de que este Señor del Este, como alguien dijo una vez, no está pidiendo. Está trabajando.

* tomo el título prestado de Rubén Darío, y la foto del Señor del Este, que me mira sin saber para qué puedo quererla.