10 de septiembre de 2006

When it falls


Granada estrena lluvia de otoño.Sin anuncio, sin vaselina y sin preámbulos de equinocio. Llueve, me sorprende fuera de casa, y me veo en la puerta de un ciber con atuendo desafortunado y nada en la nevera. Sonrío, y echo a andar por calles empedradas que aguardan casualidades, víctimas de un plástico plan asfáltico, y recorro meses que aún no tienen fecha escrita en el reverso de foto alguna. La eminénce grise.
Sigo, en dirección opuesta, tropezando con conexiones elementales, espía ciclotímica de mí misma, esquivando charquitos que empapen el bajo invisible de mis pantalones...ni puñetera idea de a qué huelen las nubes, nin falta que fai. Otro paso, sin saber si ando buscando anclas para querer querer (y si soy, como Pessoa, un místico que quiere creer pero descree por tentación y por principio), para renunciar a Londres y aplazar Santiago -como gotas, entre las ausencias, soportales-; cual fotograma, Gene Kelly envidiaría mi euforia soluble, con independencia de que mis pasos sean o no papel mojado, y yo lleve sandalias en lugar de gabardina.

1 comentario:

Lúa- Haberlas, hailas... dijo...

que gustito dan las gotas de lluvia empapandolo todo!
saludos de otra galega!