13 de septiembre de 2006

La Ventana Indiscreta

Tengo un casero moderno. Granaíno de pura cepa, denominación de orígen de acento desencajado, vocales abiertas hasta doler y mala follá;buena gente, servicial a ratos y todo lo que venga estipulado por contrato. Pero mi casero es un casero de mundo, vanguardista. Lo que se dice un casero fashion. Lo mismo se arranca con un discurso en la lengua del mismísimo Sartre, cual paisano Erasmus que rememora la bohemia de cualquier calle con onomástica poética y frenchi tal Rue du Cherche-Midi, que te dice bien clarito y en cristiano, que pintar, lo que se dice pintar este año no toca. Así son las cosas y así se las hemos contado, pues.
Por esa parte que “me toca”, y por un evidente vacío legal en alguna claúsula que este artista -dijimos que no de brocha gorda- pasó por alto, la ventana de mi habitación no tiene cortina. A lo que él alega que el minimalismo se lleva. Sin ánimo de polemizar con mi arrendador, ni afán de exhibicionismo y/o insinuación de prácticas voyeuristas por parte de la comunidad, es una putada no tener una simple tela que separe tu particular azotea de la de los demás.
Pero esto no es una queja. Es un link.
El patio de mi piso no es más particular que el de cualquier hijo de vecino. No tiene vistas a la Alhambra propiamente dicha, pero de aquí salían a vista alzada al menos dos pisitos de estos tan cool de 30 metros. Y cuando cae la tarde, si te pilla inspirada, no es tan difícil imaginar que la sombra que se cierne sobre el tendal, es la del Arco de Elvira. Total, que tiene su punto.
Mi ventana se convierte en acceso directo; a través de ella mi patio huele a incienso, a golpes de sábana, a apuntes, a Prada, a té. Por momentos creo mi propio Tupperware Lounge Café con guiños pop-art que brotan desde dentro, se me antoja La Carbonería mientras recojo el guante de Gilda, o creo estar en La Tertulia, entre noveles cantautores, sólo porque un vecino, invisible y oportuno, tararea El breve espacio en que no estás.
Y no sé si el vecino es nuevo en el microcosmos del patio, o si la nueva soy yo. Sólo sé que en el alféizar tiene un botijo rojo, que no puedo parar de observar. Cuestión de lógica matemática, el sí tendrá cortina, y no tendrá, como yo, que hacer las veces con un pareo de una playa a la que no ha ido. Para mí que es el de enfrente, que es amiguete de la chica del quinto, la misma que hace poco hacía mudanza con su patio metido en cajas…y de forma tácita me declaro espectadora de mis intangibles vecinos, que decoran este patio mío con graffitis abstractos cuyas líneas arbitran emociones inconscientes. A Klee pongo por testigo, que este curso, toca.

5 comentarios:

osondaxordeira dijo...

HERMOSO RELATO, RA. me encanta tu mirada de mujer enmarcada. Por cierto, si vuelves a encontrar el guante de Gilda me lo devolverás?. Alguna noche creo haberlo perdido por el camino. Besos KLEE.

miu miu dijo...

QUE GRANDE ERES.SABES QUE HAY LIBROS PUBLCADOS POR AHÍ QUE NO SE ACERCAN NI POR ASOMO A LO QUE Y AL COMO TÚ ESCRIBES.BELIVE ME.RA, CANELITA EN RAMA.

ChienAndalou dijo...

Me acuesto después de haber hecho todos los deberes...He posteado a todo el mundo, y he dejado mensajes bonitos a todo el mundo. A Antía me la he encontrado en el messenger; nos invita a pasar unos días en su pisito del barrio de San Pedro...

Lúa- Haberlas, hailas... dijo...

mmmmmm, un piso en el que "habite"una vez tampoco tenia cortyinas, y de 4 ventanas sólo una persiana....
Opté por comprar en los hipis colchas o-lo-que-sea y ponerlas a modo de cortinas(una con un gran sol, otra con letras árabes...)la verdad esque quedan de p.madre! y en caso de que te mudes aotro sitio pues puedes darle otros uso, no?

Lúa- Haberlas, hailas... dijo...

por certo incisivo post, narras de medo!