1 de octubre de 2014

A ti que nos lees


"(...) No tiene ninguna ambición demoníaca, todo ocurre de manera espontánea. Seduce de un modo asombrosamente inocente. Por arriesgada que sea la situación, por atrevida y provocadora que parezca su vestimenta, ella envuelve vestido y mundo en su dulce sonrisa. No es la sonrisa de quien quiere conquistar o ser conquistado: es ligeramente excitante y tranquilizadora a la vez. No sólo se dirige a su destinatario, por muy idónea que sea para él, sino que lo atraviesa, pasa por él para llegar al mundo entero."

Marlene Dietrich, Franz Hessel 
(Errata Naturae).

20 de julio de 2014

Nuevas coplas mundanas


Este julio lo escribe David Markson.
Recorto por la línea de puntos.
Más o menos.
Agosto de cuentas, ajuste de cuentos.
Septiembre guardado en una caja de galletas danesas.



Foto: Sevilla la Nuit. Sevilla, Julio'14

12 de mayo de 2014

Rastro(s)


Los lunes como el camino de
miguitas hasta el martes
desde lo que quedó del domingo
el ruido y
la zupia
este verbalizar trabalenguas
perdiendo el oremus
con hambre de ángulo conjugado.
.



Cortijo de Torres, Málaga. Mayo 2014.

29 de abril de 2014

"Freak show (literario) particular: Isabel Mellado y Marina Perezagua" Raquel G. Otero en Granite & Rainbow

[Aquí dejo a petición el texto íntegro en Granite & Rainbow, 
para los que no han dado con él]

 

"Freak show (literario) particular:
Isabel Mellado y Marina Perezagua
Raquel G. Otero

Las analogías y parentescos de este artículo son ficticios.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

En 1932 Tod Browning daba vida a La parada de los monstruos prescindiendo de efectos
especiales de maquillaje a excepción de una breve escena final. Una de las consecuencias directas
de la película fue la adopción del término freak para designar lo anómalo, lo extraño. Desde
entonces hasta Carnivàle, hay una manera de entendernos al hablar de freak show: el espectáculo de
lo oculto y lo remoto, en el que mostrar individuos con capacidades o características inusuales,
sorprendentes o grotescas; extravagancias, artes circenses, demostraciones atléticas o performances
de habilidades singulares. Es la querencia por lo singular (si es que esto tiene algún sentido) lo que
me trae aquí. Hablaré sobre dos primeros libros, y un segundo. Hablaré de Marina Perezagua y de
Isabel Mellado. A cara lavada.

Pasen, y vean
El particular del título de este artículo lleva un rótulo en neón: uso parámetros propios. Escribo esto
como quien escribe cartas al director. Acabo dejándome llevar por las recomendaciones de amigos,
libreros y entendidos pero, para qué mentir, por muy poquitas. Leo reseñas, leo críticas y, sobre
todo, leo libros. En un momento en que abastecerme con tantos títulos (y novedades) como quisiera
me es, por causas ajenas a mi voluntad y a mi bolsillo, imposible, no se me ocurre nada más amargo
que terminar un libro con sensación de hoja de reclamaciones: querer que me devuelvan el tiempo
de vida empleado en leerlo.
Luego está la cuestión be: atreverse con un autor que no has leído y que apenas han leído; con un
novel o con uno no tan novel, o lo suficientemente bien acompañado como para que todo sean
reverencias ante la obra de Fulanito, y termines no sólo renegando de Fulanito (a ver, porque
exagerar está feo cuando el crítico, el literato, es consciente de ser tamiz del panorama desde el
púlpito de lo consagrado), sino también de quien tan fervientemente lo recomienda. Descreídos,
ávidos y sin un referente de acero: solos ante el peligro, nosotros y la mesa de libros. Lo usual, lo
que ocurre o me ocurre casi todas las veces, es optar por uno de ”Los Grandes”, libros, escritores y
escritoras indispensables y pendientes, donde se supone que el margen de error es más pequeño, y si
no lo es, asumes que es culpa tuya. Pero en alguna ocasión voy, y me lo llevo, el otro, por intuición,
bajo mi responsabilidad. El vértigo de elegir.
Tengo mis autoras predilectas, más clásicas, más extranjeras, más difuntas: Carson McCullers,
Wislawa Szymborska, Angela Carter, Lydia Davies, Shirley Jackson, Djuna Barnes, Dorothy
Parker, Paola Capriolo, Annemarie Schwarzenbach, Agota Kristof, Marguerite Duras, Clarice
Lispector. El largo etcétera. Apuestas seguras. Y sin embargo a la hora de afrontar este artículo, las
primeras opciones para hablar de escritoras han sido escritores. Dedicar estas letras a un nombre de
mujer tras el que se ocultara un hombre era la segunda mejor opción, la más apetecible; qué mejor
manera de igualdad que no ver la diferencia. Campañas globales, #readwomen2014. Marque la
casilla: H - M; no lo veo. Pero esa inercia inicial resulta curiosa hasta el punto de meter el dedo en
esta llaga y preguntarse quién, quiénes, qué congéneres, contemporáneas, me han hecho cerrar un
libro y decir ¡Bravo! Lejos de tanto caballo (yegua) ganador por bueno o por clásico, en las
inmediaciones de la vanity fair letraherida (horreur), monto mi propia feria de fenómenos patrios o
residentes en, además de vivos, -que no llamo apuestas porque sean autoras malditas que vengo yo
a rescatar ni mucho menos, sino porque son las mías y las cuento con los dedos de una mano; que
no lo son porque alguien lo diga, sino porque me han conquistado; y que no digo que no haya otras,
digo que por ahora tengo éstas- , y declaro amor fou a los cuentos de Isabel Mellado y Marina
Perezagua, porque ya dijo Celia Amorós que el amor (y por extensión, el amor por un libro/discurso
literario) si no es fou, no es ni fu ni fa. Por más filtros, abalorios y etiquetas que se le pongan.

Isabel Mellado o la partitura del talento

Llegué a Isabel Mellado antes en la vida que en los libros. Que sea un ser excepcional nada tiene
que ver con su literatura, o sí. Isabel es un ser diáfano, luminoso. Abrí El perro que comía silencio
(Páginas de Espuma, 2011) con reservas y cierta intención armada de objetividad, mecanismo que
no fue necesario poner en marcha. En la contraportada del libro aparecían unas palabras de Hipólito
G. Navarro (H) y eso ya era una garantía, no por hombre, sino por Hipólito. Lo leí de una sentada
con el ritmo del trago de un zumo de pomelo. Buah. Sucede que a veces alguien nos regala el
entusiasmo. Y punto.
El perro que comía silencio es un concierto de tres movimientos: cuentos, cuentitos y cuentecitos.
Así los llamo cuando les paso la mano por el lomo, porque volver a ellos cada cierto tiempo es
purgante. Ya saben, uno de esos libros de los que es imposible citar un buen fragmento porque
acabarían copiándolo entero en una agenda: “Ojalá me alcance el dinero para alguna mala
intención, un par de sospechas y al menos una corazonada”/ “El compás es la unidad de tiempo que
menos hiere”/ “Dormir es cicatrizar”/ “La boca puede ser un imperio”.
No destriparé más a este perrito, pero anoto: Cuatro horas al cubo, Tampoco poema,
nosécuántosmás, esa sutileza tan de Isabel. La magia de la elocuencia, solvente y disolvente; sin
una palabra de más para decirlo todo y callar con elegancia. “Acaecieron muchas otras cosas, tantas
ciudades y rostros. Mucho adjetivo, tres o cuatro verbos de cuidado, incontables síes y noes, y
probablemente más peros de los necesarios”.
En estos tiempos tan de 2x1, acudan; la prosa de esta chilena es retiro y es bálsamo. El trazo de
Isabel Mellado no es dicho, es dicha.

Marina Perezagua y la fisilogía de la letra
No conozco de nada a Marina Perezagua. Nada ni nadie me comprometía con su lectura, y de ser
por las buenas y numerosas críticas que le han llovido, ya digo, no hubiera leído Leche (Libros del
Lince, 2013). Quizá sea eso de “voz esquinada”, o lo “aparentemente crueles” de sus relatos lo que
provoca la curiosidad. La tangente. Hay un pálpito aquí que no sé explicar. Pido el libro, me lo
traen. Una vez leído empezaría aquí a escribirlo todo en mayúscula, tremendo. Acto seguido pido
Criaturas abisales (Libros del Lince, 2011), tanteo a la autora a contramano.
Leche es una GOZADA que invita desde el título al ser humano, a la inmersión. La leche como
nexo y prenda, para no soltarse; ni inseminadora ni láctea, vertiente nutricia y seminal.
Es la crudeza efectivamente lo que más se repite en las opiniones sobre este segundo libro de
Perezagua. Hay sorpresa, congoja, alivio; hay una voz levantando el velo de lo indecible, entre el
erotismo y lo híbrido, aligerándonos a veces la carga del tabú. Cinco sentidos puestos en fuga y,
casi sonando, la voz de Marlon Brandon, el Coronel Walter E. Kurtz: “El horror. El horror tiene
rostro. Tienes que hacerte amigo del horror. El horror y el terror moral deben ser amigos, si no lo
son se convierten en enemigos terribles, en auténticos enemigos”. Me encanta el olor a resistencia
por la mañana. Hay relatos capaces del escalofrío, de poner el cuarto oscuro a ventilar. En sus
páginas, la autora salta a la comba, alegremente, con la delgada línea que separa las trilladas
instancias de la primera tópica freudiana. Honestidad literaria, literatura proteica. Es la de este libro,
y se nota, una escritura a pulmón.
Una magistral crudeza, sí, que en la literatura de Marina Perezagua deja al lector desleído,
acantilado, exhausto; empatado a cero con el mundo. Dispuesto para el destete.

Segunda, cuarta, sexta acepción de fenómeno

No contrapongo, sumo. Son títulos con diferentes padecimientos: la literatura con agujetas. La
resaca de poner el músculo a pleno rendimiendo y, luego, el placer y el oxígeno. Despliegue
escénico: elasticidad, contorsionismo, ventriloquia, salto insólito, escapismo, burlesque, vodevil.
Una sublime exhibición de rareras.
Entre tanta lista de escritoras que deberían no perderse, leer o seguir en Twitter (sin ánimo de
desmerecer), vayan a las librerías, busquen, juéguensela. Como lectores pidan lo suyo.
En el cartel de mi imaginario femenino contestatario, Isabel Mellado y Marina Perezagua nos miran
atentas desde otro plano, preciosas, con letra bellísima: mi Venus barbuda del horizonte literario
actual.
Me inclino."


Special guest:
El perro que comía silencio, Isabel Mellado (Páginas de Espuma)
Leche, Marina Perezagua (Los Libros del Lince)

23 de abril de 2014

Freak show (literario) particular



 Dicen que hay que leer a mujeres. El Granite & Rainbow #27 ya está aquí con un 'Mujeres Escritoras' (de amplio espectro de pareceres) como espina dorsal y, aunque a mí estas celebraciones me suenan a hashtag, aprovecho el tirón del cromosoma como excusa para hablar de dos señoras-fenómeno que encontraréis hoy y los 364 días restantes en las mesas y estantes de vuestras librerías: Isabel Mellado y Marina Perezagua. Hembra, macho o hermafrodita, lo que hay es que leer bonito.

Felices días de libros.




El perro que comía silencio, Isabel Mellado (Páginas de Espuma)
Leche, Marina Perezagua (Los Libros del Lince)

22 de abril de 2014

Punto y seguido


"[...] Cuando uno se enamora, negocia consigo mismo a destiempo, aunque sólo sea para comprobar si se permite vivir semejante absurdo."



Amélie Nothomb, Barba Azul.
Anagrama

24 de febrero de 2014

6 de febrero de 2014

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La cuestión es detenerse
un segundo, y
 apenas oírse decir 
Qué bonito pasa el tiempo.







Imagen: El apartamento de Madame de Florian, París.

23 de enero de 2014

Au fou, au fou!



















Como de todos es sabido que la música amansa a fieras y fierecillas, aquí os dejo el nº 26 de Granite & Rainbow, que además cumple cuatro añitos. Esta vez llevo a Jean Echenoz y Maurice Ravel en el carné de baile; el frío se combate con compás. En estados carenciales, G&R, manta y vitamina C. 



20 de enero de 2014

Reverso



No salir.
Negarse a abandonar las tres primeras líneas de un poema.



 


Vincente Minnelli at a screening, 1952, starring Lana Turner; 
Gil de Biedma cortesía de La Librera Misántropa; 
Sevilla, Enero'14.